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Ayúdanos a prevenir el abuso sexual

Te presentamos algunas señales para detectar posibles abusos sexuales. El abuso afecta a los niños y jóvenes emocional, social, cognitiva y físicamente.

Señales de alarma. Ayúdanos a prevenir el abuso sexual

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Julio 15, 2017

¿Sabías qué en Colombia 2 niños, niñas o adolescentes son víctimas de una o más formas de violencia sexual cada hora?

En este artículo te presentamos algunas señales para detectar una posible situación de abuso sexual infantil que afecte a los niños y jóvenes a tu alrededor.

El abuso sexual: Veneno de acción lenta

Si bien es cierto que se han hecho innumerables esfuerzos para prevenir y castigar la violencia sexual, el abuso sexual en los niños todavía pasa desapercibido y se detecta cuando ha generado secuelas avanzadas.

Esto se debe a que el abuso tiene una dinámica diferente a otras formas de violencia que suelen ser consideradas “menos graves”, como el uso de expresiones obscenas camufladas en elogios, la exposición a pornografía, actos exhibicionistas, fisgoneos o roces o tocamientos no consentidos. El abuso es muy sutil, pues parte de crear un estado de confianza en su víctima, para luego crear confusión y así anular la renuencia a participar en actos sexuales cuando ello no se desea.

Entonces, una persona que abusa de un niño, niña o adolescente raras veces usará la fuerza física o el chantaje para acceder de forma carnal a él o ella. Lo que hará será, en el caso de los niños y niñas más pequeños, sobornarlos con obsequios, salidas y disfrazar los progresivos acercamientos a las partes más íntimas del cuerpo como juegos. En el caso de los adolescentes y preadolescentes, aprovechará sus momentos de vulnerabilidad para convertirse en una figura de falsa confidencialidad, quien, mientras mina su confianza en otros jóvenes y adultos, empieza a convertirse en su guardián, a cambio, no obstante, de interacción cada vez más sexual.

Señales

A pesar de lo silencioso del abuso, hay varios indicadores de su ocurrencia:

  • Cambios en el temperamento, inexplicables desde los acontecimientos del día, o respuestas exageradas de los niños, niñas y adolescentes a situaciones estresantes. Este indicador es el primero que debe atenderse, si tiene impacto en sus notas o gustos personales.
  • “Ansiedad del culpable”, es decir, el niño, la niña o el adolescente se pone nervioso e irritable cuando se le pregunta por las actividades realizadas en el día, no sabe dar cuenta de sus acciones o se pone a la defensiva. Hay que prestar especial atención si ello también ocurre cuando se le menciona a una persona, un lugar o un horario en especial.

NOTA: Que experimente esta ansiedad jamás quiere indicar que el niño o niña en efecto sea culpable de lo que le ocurre; sino que se siente de este modo o quizás trata de ser fiel a la palabra dada de “no hablar de esto con alguien más”.

  • Demasiado conocimiento sobre la sexualidad para su edad, que va más allá de la curiosidad propia de la etapa vital en la que está cada niño, niña o adolescente y de la información que circula en las redes sociales. Esta información que parecen manejar es de tipo experiencial, e incluye una descripción de sensaciones muy concretas en sus propias palabras.
  • En relación con lo anterior, puede observarse en niños y jóvenes con una situación de abuso la búsqueda de nuevas formas de sentir placer con compañeros de clase, hermanos u otros familiares y vecinos de edades cercanas. También se da el caso de niños y niñas muy pequeños que buscan las entrepiernas de hombres mayores a ellos para sentarse en estas o que tocan senos y nalgas de jóvenes y adultos en general.
  • Secuelas físicas. Si bien es cierto que el abuso es más sutil que otras formas de violencia sexual, puede detectarse de forma médica, sobre todo en quienes aún no llegan a la adolescencia. Adicionalmente, cuando la actividad sexual se ha vuelto plena, aparecen molestias para la movilidad en la zona lumbar, la cadera o el cuello que no se explican con otras formas de actividad física practicadas por niños, niñas y adolescentes.

Hay que estar alerta de estas señales permite incluso si no hay abuso, pues las conductas sexuales precoces afectan su desarrollo emocional, social e incluso físico y cognitivo.

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